

A UN VIEJO AMIGO
Se descorren penas en este instante que llora la lluvia en el horizonte. Separado de su exigua sombra, nevado su sueño, desconociendo ya rumores de zorzales, perforando la noche, insuficiente para contemplar todo. Ha encontrado su oficio en tus sienes, la soledad infinita. Hay una avenida donde el invierno se hunde en la memoria y la frente desangra en Do Mayor en cada vuelo nocturno de aves oscuras. Mar quieto en el ceño duro, ¿y la candela de tu corazón aterido a los sonidos del universo? ¡Ah, ferviente Adán sin tilde pero con acento! Deseabas oprimir el cielo con la mirada, dejar atónitas a las calles del olvido sin besar más la espalda de la Luna, atenazarte a las flores y exhalar tu aliento de luz a sus siluetas, agredir el rostro de lo fantasmal. En cambio, hoy estás con tus tímpanos sin dulzuras, hirviendo en comunión con la paz, sin el acero de las palabras agudas, quemando con tu genio los linderos, desalojado de todas las geometrías vacuas de tu ser, expulsando tu signo astral e insultando a los designios, abandonado en este parque donde ha de crecer la hierba y una triste o tal vez una ardiente canción. (A. A. C)
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